DUERMES CANSADO,
INSATISFECHO. YA EN EL SUEÑO sentiste esa vaga
melancolía, esa
opresión en el diafragma, esa tristeza que no se deja apresar por
tu imaginación. Dueño
de la recamara de Aura, duermes en la soledad, lejos del
cuerpo que creerás
haber poseído.
Al despertar, buscas otra presencia en el cuarto y sabes
que no es la de Aura la
que te inquieta, sino la doble presencia de algo que fue
engendrado la noche
pasada. Te llevas las manos a las sienes, tratando de
calmar tus sentidos en
desarreglo: esa tristeza vencida te insinúa, en voz baja,
en el recuerdo inasible de
la premención, que buscas tu otra mitad, que la
concepción estéril de la noche
pasada engendro tu propio doble.
Y ya no piensas,
porque existen cosas mas fuertes que la imaginación: la
costumbre que te
obliga a levantarte, buscar un baño anexo a esa recamara, no
encontrarlo, salir
restregándote los párpados, subir al segundo piso saboreando la
acidez pastosa de la
lengua, entrar a tu recamara acariciándote las mejillas de
cerdas revueltas,
dejar correr las llaves de la tina e introducirte en el agua tibia,
dejarte ir, no pensar
mas.
Y cuando te estés
secando, recordaras a la vieja y a la joven que te sonrieron,
abrazadas, antes de
salir juntas, abrazadas: te repites que siempre, cuando están
juntas, hacen
exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran,
salen, al mismo
tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de
una dependiese la
existencia de la otra. Te cortas ligeramente la mejilla,
pensando estas cosas
mientras te afeitas; haces un esfuerzo para dominarte.
Terminas tu aseo
contando los objetos del botiquín, los frascos y tubos que trajo
de la casa de
huéspedes el criado al que nunca has visto: murmuras los nombres
de esos objetos, los
tocas, lees las indicaciones de uso y contenido, pronuncias la
sin marca, sin
consistencia racional. ¿Qué espera de ti Aura? acabas por
preguntarte, cerrando
de un golpe el botiquín. ¿Qué quiere?
Te contesta el ritmo
sordo de esa campana que se pasea a lo largo del corredor,
advirtiéndote que el
desayuno esta listo. Caminas, con el pecho desnudo, a la
puerta: al abrirla,
encuentras a Aura: será Aura, porque viste la tafeta verde de
siempre, aunque un
velo verdoso oculte sus facciones. Tomas con la mano la
muñeca de la mujer,
esa muñeca delgada, que tiembla...
Carlos Fuentes Macías (Panamá, 11 de noviembre de 1928-México, D. F., 15 de mayo de 2012 ) fue un escritor, intelectual y diplomático mexicano,
uno de los autores más destacados de su país y de las letras
hispanoamericanas.
Recibió,
entre otros, el Premio Rómulo
Gallegos en
1977, el Cervantes en 1987, el Príncipe
de Asturias de las Letras en 1994, la Condecoración de Gran Oficial de la Orden de la Legión de Honor de Francia en 2003 y en 2009 la Gran Cruz de la
Orden de Isabel la Católica.
Fue nombrado miembro honorario de la Academia Mexicana de
la Lengua en
agosto de 2001 y Doctor honoris causa por varias universidades entre ellas Harvard, Cambridge y Nacional de México.
Carlos
Fuentes pertenece a la generación del 57, la cual escapa del
regionalismo para favorecer elementos de la literatura universal. Esta
generación asume las formas surrealistas y el modo realista deja paso a un modo
poético de presentación de la irrealidad. En las novelas de esta generación, el
mundo aparece como laberinto, el laberinto espacio interior de la conciencia. El punto de vista
o de hablada es poético, creacionista o expresionista que exterioriza su
actividad en las formas irreales, fantásticas, imaginarias y ocurren acontecimientos
sorprendentes, milagrosos o mágicos; seres de atributos sobrenaturales.
El contexto que envuelve a esta obra se ve marcado por el
inminente estallido de una tercera guerra mundial, el intento de establecer
bases rusas de lanzamiento de misiles internacionales en Cuba es repelido
por los Estados Unidos, además, se origina la organización política
nicaragüense. Por otro lado, este periodo se ve marcado por la muerte de 2
grandes escritores: William Faulkner y Herman Hesse.
Fuentes
es un autor de novelas como “La región más transparente”, “La muerte de Artemio Cruz”, “Aura” y “Terra Nostra” y ensayos como “La nueva novela hispanoamericana”, “Cervantes” o la crítica de la lectura, “El espejo enterrado”, “Geografía de la novela” y “La gran novela latinoamericana”,
entre otros.
Con respecto a la novela Aura, es un libro escrito el año 1962
y editado en 1994, trata sobre un joven historiador llamado Felipe Montero que
se traslada a una vieja casa del centro de la ciudad atraído por la buena paga,
donde se le necesitaba para recopilar la historia, memorias de un soldado
francés que falleció en plena batalla en México. Este general dejo viuda a
Consuelo, quien se encontraba con su sobrina Aura. Esta última sería la razón
de Montero para quedarse. Con el pasar del tiempo comienzan a suceder
acontecimientos de difícil explicación racional, entre la realidad y la
fantasía, donde Felipe nota que las acciones de las dos mujeres eran siempre
iguales, como un espejo. Montero queriendo persistentemente llevarse a Aura de
aquella casa, no lo logra por la intervención de Consuelo que tenía poder sobre
su sobrina, de esta manera el hombre pierde el sentido de la realidad.
El tema del fragmento
elegido es la inquietud de Felipe Montero ante las sospechas que despiertan en
él Aura y Consuelo. Los personajes presentes en este texto son Montero y Aura.
El tipo de narrador presente en este fragmento es un narrador en segunda
persona, ya que es la voz de la conciencia la que se refiere a Montero. Además
el estilo que posee es del tipo indirecto. Este fragmento se divide en tres
apartados: el primero es la insatisfacción de Montero luego de haber pasado una
noche con Aura. (L. 1-5), el segundo es la percepción de Montero ante una doble
presencia; y el intento de no hacer caso a su imaginación. (L. 6-19), y el
último apartado son las sospechas e inquietudes ante las replicas de las
acciones entre Aura y Consuelo. (L. 20-39)
En la primera línea se puede apreciar desde las primeras
palabras que lo acontecido la noche anterior no cumplió con las expectativas de
Montero. El cansancio e insatisfacción al despertar ya es un hecho extraño tras
haber tenido relaciones sexuales, pero en este caso alude a que Aura representa
un ave carroñera, el cual es uno de los significados de su nombre, ya que ella
tiene relaciones con el objetivo de extraer aquello que desea, lo cual es la
energía para mantener su belleza, juventud y vida. En las líneas siguientes, se
expresa esta misma sensacion de agotamiento, expresada psicológica y
físicamente, a través de sentimientos como melancolía y tristeza; y una
opresión en el pecho que no le permite respirar (como si hubiese hecho una
actividad física). En las líneas 3,4 y 5 se expresa, mediante la voz de la
conciencia una incertidumbre de si realmente Aura se entrego completamente a
Montero durante el acto sexual. Por otra parte, Montero nota que esa autoridad
que creía poseer sobre Aura no era como pensaba, sino que Aura tenía un control
de la relación como es el caso de las hechiceras sobre los hombres.
Al adentrarnos en el segundo apartado del fragmento,
podemos observar la inquietud que tiene Montero por notar esta doble presencia
que según él fue engendrado la noche pasada. Al mencionar la palabra engendrar
hace referencia a que el deseo de Consuelo de tener un hijo, sin éxito alguno,
dio origen a lo que es Aura mediante la hechicería, haciendo que ella se haga
presente en este acto. Luego de percibir esta doble presencia intenta hacer
caso omiso a sus sentidos haciéndose creer que no ocurría nada extraño en esta
situación, insinuando otro sentimiento negativo que es la tristeza (otros
sentimientos como insatisfacción, opresión, soledad, fueron mencionados
anteriormente), y personificándolo en la línea 10 para recalcar que era su
interior quien le habla y que le dice a Montero que algo le hace falta, como un
presentimiento, y menciona frases como: “que buscas tu otra mitad” o “engendro
tu propio doble”, haciendo una conexión entre Montero y Llorente y a las similitudes
que estos poseen. Luego se ocupa la palabra “estéril”, lo que puede tener dos
perspectivas: hacer referencia a la infertilidad de Consuelo presentándose en
Aura; o bien, para crear una antítesis entre las palabras estéril y engendrar.
En el tercer párrafo, Montero cree que solo es su
imaginación, que esta paranoico solamente y trata de seguir con la rutina
diaria, que sería levantarse e ir al baño. Cuando iba camino al baño de su
dormitorio menciona que tenía una acidez pastosa en la lengua, que son síntomas
comunes en los ancianos por producto de una mala digestión, haciendo una
relación con que Montero ha besado a Consuelo. Finalmente se introduce en la
tina con agua tibia para así poder relajarse y dejar de pensar en estas
extrañezas.
Continuando con el siguiente apartado, en la línea 21 se
presenta una repetición, con el sentido de demostrar un trauma en Montero. Aquí
se mencionan la mayoría de las cosas que las dos mujeres hacen juntas. Luego
repite nuevamente todas estas cosas que hacen juntas (sonríen, se abrazan,
comen, hablan, etc.). Esta repetición quiere decir que Montero se acaba de dar
cuenta de algo muy importante, que parece como si fueran un espejo, como si
estuvieran conectadas. Este hecho lo perturba de tal modo que no puede
concentrarse en lo que hace, por esto se corta la mejilla con la navaja de
afeitar e intenta dominar estos pensamientos que lo mantienen intranquilo.
Comienza a investigar en el botiquín
los objetos que contenía buscando algo que pueda darle
sentido a lo que pasa por su cabeza, o bien, algo que logre hacer que este
pensamiento se extinga de una vez. En este párrafo notamos claramente el estilo
de escribir del autor, la falta de puntos seguidos con el uso excesivo de comas
le da una fluidez mayor a este suceso. Inmediatamente luego de esto se menciona
al criado que nunca ha visto, aumentando mucho más el suspenso en la obra y en
el mismo protagonista, ya que se abre la idea de que el criado nunca existió, y
que todos los objetos pertenecientes a Montero fueron traídos por arte de
magia, ya que incluso las cosas bajo llave estaban allí. Cuenta los objetos
dentro del botiquín y los menciona leyendo las indicaciones y contenidos de
estos para poder pensar en cosas reales y dejar de pensar en todas las cosas
irracionales que ocurrían en esta casa. Finalmente se hace una pregunta
retorica en la línea 32, la cual dice: “¿Qué espera de ti Aura?”, dándose
cuenta de que lo que él creía sobre lo que Aura quería no era completamente
correcto, ya que él pensaba que Aura estaba bajo el control de Consuelo y que
esta era una “tirana”; pero realmente nunca tuvo la certeza de que ella
quisiese escapar de esta realidad y si realmente ella estaba cautiva por la
anciana en ese lugar.
Al adentrarnos en el párrafo final, se menciona un “ritmo
sordo” de una campana, para resaltar un ambiente de misterio y silencio. Este
hecho de tocar la campana, es un ritual en el cual Aura debe tocarla cada vez
que se van a servir los alimentos, aunque se sabe que solo se llama a Felipe
Montero. Al abrir la puerta para mirar hacia afuera, cree ver a Aura por el
simple hecho de ver una mujer vestida de verde, aunque con un velo que le
tapaba el rostro. Para recalcar un poco el color verde, que era un color muy
presente en esta obra (el musgo, las plantas, los ojos de Aura, la ropa de esta
y la ropa de Consuelo), es un color que representan a las brujas en la edad
media, y teniendo relación además con la naturaleza. Aunque Montero crea que es
Aura, no se puede saber con claridad, ya que se presenta una característica de
Consuelo al final del apartado, donde dice que la muñeca de esta mujer es muy delgada
y tiembla; dejando una incertidumbre sobre quien es realmente esta mujer.
En conclusión, este es un libro que resalta por seguir
las características de la generación a la que pertenece Carlos Fuentes, escrito
de un modo para que el lector tenga que estar activo y presente en cada momento
para lograr el completo entendimiento de la lectura. Fuentes crea un mundo
totalmente diferente a la realidad latinoamericana, generando una mezcla entre
el mundo real y fantástico. Básicamente en este fragmento se observan todas las
inquietudes y sospechas que acaban de despertar en Montero para darse cuenta de
que no todo es lo que él creía.
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