martes, 17 de junio de 2014

Texto García Lorca (fragmento)

Leonardo: (Levantándose) La novia llevará una corona grande, ¿no? No debía ser tan
grande. Un poco más pequeña le sentaría mejor. ¿Y trajo ya el novio el azahar que se
tiene que poner en el pecho?
Novia: (Apareciendo todavía en enaguas y con la corona de azahar puesta) Lo trajo.
Criada: (Fuerte) No salgas así.
Novia: ¿Qué más da? (Seria.) ¿Por qué preguntas si trajeron el azahar? ¿Llevas
intención?
Leonardo: Ninguna. ¿Qué intención iba a tener? (Acercándose.) Tú, que me conoces,
sabes que no la llevo. Dímelo. ¿Quién he sido yo para ti? Abre y refresca tu recuerdo.
Pero dos bueyes y una mala choza son casi nada. Esa es la espina.
Novia: ¿A qué vienes?
Leonardo: A ver tu casamiento.
Novia: ¡También yo vi el tuyo!
Leonardo: Amarrado por ti, hecho con tus dos manos. A mí me pueden matar, pero no
me pueden escupir. Y la plata, que brilla tanto, escupe algunas veces.
Novia: ¡Mentira!
Leonardo: No quiero hablar, porque soy hombre de sangre, y no quiero que todos estos
cerros oigan mis voces.
Novia: Las mías serían más fuertes.
Criada: Estas palabras no pueden seguir. Tú no tienes que hablar de lo pasado. (La
criada mira a las puertas presa de inquietud.)
Novia: Tienes razón. Yo no debo hablarte siquiera. Pero se me calienta el alma de que
vengas a verme y atisbar mi boda y preguntes con intención por el azahar. Vete y espera
a tu mujer en la puerta.
Leonardo: ¿Es que tú y yo no podemos hablar?
Criada: (Con rabia) No; no podéis hablar.

cada vez que pienso sale una culpa nueva que se come a la otra; pero ¡siempre hay
culpa!
Novia: Un hombre con su caballo sabe mucho y puede mucho para poder estrujar a una
muchacha metida en un desierto. Pero yo tengo orgullo. Por eso me caso. Y me
encerraré con mi marido, a quien tengo que querer por encima de todo.
Leonardo: El orgullo no te servirá de nada. (Se acerca.)
Novia: ¡No te acerques!
Leonardo: Callar y quemarse es el castigo más grande que nos podemos echar encima.
¿De qué me sirvió a mí el orgullo y el no mirarte y el dejarte despierta noches y noches?
¡De nada! ¡Sirvió para echarme fuego encima! Porque tú crees que el tiempo cura y que
las paredes tapan, y no es verdad, no es verdad. ¡Cuando las cosas llegan a los centros,
no hay quien las arranque!
Novia: (Temblando) No puedo oírte. No puedo oír tu voz. Es como si me bebiera una
botella de anís y me durmiera en una colcha de rosas. Y me arrastra y sé que me ahogo,
pero voy detrás.
Criada: (Cogiendo a Leonardo por las solapas) ¡Debes irte ahora mismo!
Leonardo: Es la última vez que voy a hablar con ella. No temas nada.
Novia: Y sé que estoy loca y sé que tengo el pecho podrido de aguantar, y aquí estoy
quieta por oírlo, por verlo menear los brazos.
Leonardo: No me quedo tranquilo si no te digo estas cosas. Yo me casé. Cásate tú
ahora.
Criada: (A Leonardo) ¡Y se casa!
Voces: (Cantando más cerca)
Despierte la novia
la mañana de la boda.
Novia: Despierte la novia!(Sale corriendo a su cuarto.)

lunes, 9 de junio de 2014

Comentario de texto finalizado, Aura

DUERMES CANSADO, INSATISFECHO. YA EN EL SUEÑO sentiste esa vaga
melancolía, esa opresión en el diafragma, esa tristeza que no se deja apresar por
tu imaginación. Dueño de la recamara de Aura, duermes en la soledad, lejos del
cuerpo que creerás haber poseído.
Al despertar, buscas otra presencia en el cuarto y sabes que no es la de Aura la
que te inquieta, sino la doble presencia de algo que fue engendrado la noche
pasada. Te llevas las manos a las sienes, tratando de calmar tus sentidos en
desarreglo: esa tristeza vencida te insinúa, en voz baja, en el recuerdo inasible de
la premención, que buscas tu otra mitad, que la concepción estéril de la noche
pasada engendro tu propio doble.
Y ya no piensas, porque existen cosas mas fuertes que la imaginación: la
costumbre que te obliga a levantarte, buscar un baño anexo a esa recamara, no
encontrarlo, salir restregándote los párpados, subir al segundo piso saboreando la
acidez pastosa de la lengua, entrar a tu recamara acariciándote las mejillas de
cerdas revueltas, dejar correr las llaves de la tina e introducirte en el agua tibia,
dejarte ir, no pensar mas.
Y cuando te estés secando, recordaras a la vieja y a la joven que te sonrieron,
abrazadas, antes de salir juntas, abrazadas: te repites que siempre, cuando están
juntas, hacen exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran,
salen, al mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de
una dependiese la existencia de la otra. Te cortas ligeramente la mejilla,
pensando estas cosas mientras te afeitas; haces un esfuerzo para dominarte.
Terminas tu aseo contando los objetos del botiquín, los frascos y tubos que trajo
de la casa de huéspedes el criado al que nunca has visto: murmuras los nombres
de esos objetos, los tocas, lees las indicaciones de uso y contenido, pronuncias la
marca de fabrica, prendido a esos objetos para olvidar lo otro, lo otro sin nombre,
sin marca, sin consistencia racional. ¿Qué espera de ti Aura? acabas por
preguntarte, cerrando de un golpe el botiquín. ¿Qué quiere?
Te contesta el ritmo sordo de esa campana que se pasea a lo largo del corredor,
advirtiéndote que el desayuno esta listo. Caminas, con el pecho desnudo, a la
puerta: al abrirla, encuentras a Aura: será Aura, porque viste la tafeta verde de
siempre, aunque un velo verdoso oculte sus facciones. Tomas con la mano la
muñeca de la mujer, esa muñeca delgada, que tiembla...




















Carlos Fuentes Macías (Panamá, 11 de noviembre de 1928-México, D. F., 15 de mayo de 2012 ) fue un escritor, intelectual y diplomático mexicano, uno de los autores más destacados de su país y de las letras hispanoamericanas.
Recibió, entre otros, el Premio Rómulo Gallegos en 1977, el Cervantes en 1987, el Príncipe de Asturias de las Letras en 1994, la Condecoración de Gran Oficial de la Orden de la Legión de Honor de Francia en 2003 y en 2009 la Gran Cruz de la Orden de Isabel la Católica. Fue nombrado miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua en agosto de 2001 y Doctor honoris causa por varias universidades entre ellas Harvard, Cambridge y Nacional de México.
Carlos Fuentes pertenece a la generación del 57, la cual escapa del regionalismo para favorecer elementos de la literatura universal. Esta generación asume las formas surrealistas y el modo realista deja paso a un modo poético de presentación de la irrealidad. En las novelas de esta generación, el mundo aparece como laberinto, el laberinto espacio interior de la conciencia. El punto de vista o de hablada es poético, creacionista o expresionista que exterioriza su actividad en las formas irreales, fantásticas, imaginarias y ocurren acontecimientos sorprendentes, milagrosos o mágicos; seres de atributos sobrenaturales.
El contexto que envuelve a esta obra se ve marcado por el inminente estallido de una tercera guerra mundial, el intento de establecer bases rusas de lanzamiento de misiles internacionales en Cuba es repelido por los Estados Unidos, además, se origina la organización política nicaragüense. Por otro lado, este periodo se ve marcado por la muerte de 2 grandes escritores: William Faulkner y Herman Hesse.
Fuentes es un autor de novelas como “La región más transparente”, “La muerte de Artemio Cruz”, “Aura y “Terra Nostra y ensayos como “La nueva novela hispanoamericana”, “Cervantes” o la crítica de la lectura, “El espejo enterrado”, “Geografía de la novela” y “La gran novela latinoamericana”, entre otros.
Con respecto a la novela Aura,  es un libro escrito el año 1962 y editado en 1994, trata sobre un joven historiador llamado Felipe Montero que se traslada a una vieja casa del centro de la ciudad atraído por la buena paga, donde se le necesitaba para recopilar la historia, memorias de un soldado francés que falleció en plena batalla en México. Este general dejo viuda a Consuelo, quien se encontraba con su sobrina Aura. Esta última sería la razón de Montero para quedarse. Con el pasar del tiempo comienzan a suceder acontecimientos de difícil explicación racional, entre la realidad y la fantasía, donde Felipe nota que las acciones de las dos mujeres eran siempre iguales, como un espejo. Montero queriendo persistentemente llevarse a Aura de aquella casa, no lo logra por la intervención de Consuelo que tenía poder sobre su sobrina, de esta manera el hombre pierde el sentido de la realidad.
El tema del fragmento elegido es la inquietud de Felipe Montero ante las sospechas que despiertan en él Aura y Consuelo. Los personajes presentes en este texto son Montero y Aura. El tipo de narrador presente en este fragmento es un narrador en segunda persona, ya que es la voz de la conciencia la que se refiere a Montero. Además el estilo que posee es del tipo indirecto. Este fragmento se divide en tres apartados: el primero es la insatisfacción de Montero luego de haber pasado una noche con Aura. (L. 1-5), el segundo es la percepción de Montero ante una doble presencia; y el intento de no hacer caso a su imaginación. (L. 6-19), y el último apartado son las sospechas e inquietudes ante las replicas de las acciones entre Aura y Consuelo. (L. 20-39)
En la primera línea se puede apreciar desde las primeras palabras que lo acontecido la noche anterior no cumplió con las expectativas de Montero. El cansancio e insatisfacción al despertar ya es un hecho extraño tras haber tenido relaciones sexuales, pero en este caso alude a que Aura representa un ave carroñera, el cual es uno de los significados de su nombre, ya que ella tiene relaciones con el objetivo de extraer aquello que desea, lo cual es la energía para mantener su belleza, juventud y vida. En las líneas siguientes, se expresa esta misma sensacion de agotamiento, expresada psicológica y físicamente, a través de sentimientos como melancolía y tristeza; y una opresión en el pecho que no le permite respirar (como si hubiese hecho una actividad física). En las líneas 3,4 y 5 se expresa, mediante la voz de la conciencia una incertidumbre de si realmente Aura se entrego completamente a Montero durante el acto sexual. Por otra parte, Montero nota que esa autoridad que creía poseer sobre Aura no era como pensaba, sino que Aura tenía un control de la relación como es el caso de las hechiceras sobre los hombres.
Al adentrarnos en el segundo apartado del fragmento, podemos observar la inquietud que tiene Montero por notar esta doble presencia que según él fue engendrado la noche pasada. Al mencionar la palabra engendrar hace referencia a que el deseo de Consuelo de tener un hijo, sin éxito alguno, dio origen a lo que es Aura mediante la hechicería, haciendo que ella se haga presente en este acto. Luego de percibir esta doble presencia intenta hacer caso omiso a sus sentidos haciéndose creer que no ocurría nada extraño en esta situación, insinuando otro sentimiento negativo que es la tristeza (otros sentimientos como insatisfacción, opresión, soledad, fueron mencionados anteriormente), y personificándolo en la línea 10 para recalcar que era su interior quien le habla y que le dice a Montero que algo le hace falta, como un presentimiento, y menciona frases como: “que buscas tu otra mitad” o “engendro tu propio doble”, haciendo una conexión entre Montero y Llorente y a las similitudes que estos poseen. Luego se ocupa la palabra “estéril”, lo que puede tener dos perspectivas: hacer referencia a la infertilidad de Consuelo presentándose en Aura; o bien, para crear una antítesis entre las palabras estéril y engendrar.
En el tercer párrafo, Montero cree que solo es su imaginación, que esta paranoico solamente y trata de seguir con la rutina diaria, que sería levantarse e ir al baño. Cuando iba camino al baño de su dormitorio menciona que tenía una acidez pastosa en la lengua, que son síntomas comunes en los ancianos por producto de una mala digestión, haciendo una relación con que Montero ha besado a Consuelo. Finalmente se introduce en la tina con agua tibia para así poder relajarse y dejar de pensar en estas extrañezas.
Continuando con el siguiente apartado, en la línea 21 se presenta una repetición, con el sentido de demostrar un trauma en Montero. Aquí se mencionan la mayoría de las cosas que las dos mujeres hacen juntas. Luego repite nuevamente todas estas cosas que hacen juntas (sonríen, se abrazan, comen, hablan, etc.). Esta repetición quiere decir que Montero se acaba de dar cuenta de algo muy importante, que parece como si fueran un espejo, como si estuvieran conectadas. Este hecho lo perturba de tal modo que no puede concentrarse en lo que hace, por esto se corta la mejilla con la navaja de afeitar e intenta dominar estos pensamientos que lo mantienen intranquilo. Comienza a investigar en el botiquín
los objetos que contenía buscando algo que pueda darle sentido a lo que pasa por su cabeza, o bien, algo que logre hacer que este pensamiento se extinga de una vez. En este párrafo notamos claramente el estilo de escribir del autor, la falta de puntos seguidos con el uso excesivo de comas le da una fluidez mayor a este suceso. Inmediatamente luego de esto se menciona al criado que nunca ha visto, aumentando mucho más el suspenso en la obra y en el mismo protagonista, ya que se abre la idea de que el criado nunca existió, y que todos los objetos pertenecientes a Montero fueron traídos por arte de magia, ya que incluso las cosas bajo llave estaban allí. Cuenta los objetos dentro del botiquín y los menciona leyendo las indicaciones y contenidos de estos para poder pensar en cosas reales y dejar de pensar en todas las cosas irracionales que ocurrían en esta casa. Finalmente se hace una pregunta retorica en la línea 32, la cual dice: “¿Qué espera de ti Aura?”, dándose cuenta de que lo que él creía sobre lo que Aura quería no era completamente correcto, ya que él pensaba que Aura estaba bajo el control de Consuelo y que esta era una “tirana”; pero realmente nunca tuvo la certeza de que ella quisiese escapar de esta realidad y si realmente ella estaba cautiva por la anciana en ese lugar.
Al adentrarnos en el párrafo final, se menciona un “ritmo sordo” de una campana, para resaltar un ambiente de misterio y silencio. Este hecho de tocar la campana, es un ritual en el cual Aura debe tocarla cada vez que se van a servir los alimentos, aunque se sabe que solo se llama a Felipe Montero. Al abrir la puerta para mirar hacia afuera, cree ver a Aura por el simple hecho de ver una mujer vestida de verde, aunque con un velo que le tapaba el rostro. Para recalcar un poco el color verde, que era un color muy presente en esta obra (el musgo, las plantas, los ojos de Aura, la ropa de esta y la ropa de Consuelo), es un color que representan a las brujas en la edad media, y teniendo relación además con la naturaleza. Aunque Montero crea que es Aura, no se puede saber con claridad, ya que se presenta una característica de Consuelo al final del apartado, donde dice que la muñeca de esta mujer es muy delgada y tiembla; dejando una incertidumbre sobre quien es realmente esta mujer.


En conclusión, este es un libro que resalta por seguir las características de la generación a la que pertenece Carlos Fuentes, escrito de un modo para que el lector tenga que estar activo y presente en cada momento para lograr el completo entendimiento de la lectura. Fuentes crea un mundo totalmente diferente a la realidad latinoamericana, generando una mezcla entre el mundo real y fantástico. Básicamente en este fragmento se observan todas las inquietudes y sospechas que acaban de despertar en Montero para darse cuenta de que no todo es lo que él creía.

lunes, 2 de junio de 2014

Comentario de Texto, Aura

DUERMES CANSADO, INSATISFECHO. YA EN EL SUENO sentiste esa vaga
melancolía, esa opresión en el diafragma, esa tristeza que no se deja apresar por
tu imaginación. Dueño de la recamara de Aura, duermes en la soledad, lejos del
cuerpo que creerás haber poseído.
Al despertar, buscas otra presencia en el cuarto y sabes que no es la de Aura la
que te inquieta, sino la doble presencia de algo que fue engendrado la noche
pasada. Te llevas las manos a las sienes, tratando de calmar tus sentidos en
desarreglo: esa tristeza vencida te insinúa, en voz baja, en el recuerdo inasible de
la premención, que buscas tu otra mitad, que la concepción estéril de la noche
pasada engendro tu propio doble.
Y ya no piensas, porque existen cosas mas fuertes que la imaginación: la
costumbre que te obliga a levantarte, buscar un baño anexo a esa recamara, no
encontrarlo, salir restregándote los párpados, subir al segundo piso saboreando la
acidez pastosa de la lengua, entrar a tu recamara acariciándote las mejillas de
cerdas revueltas, dejar correr las llaves de la tina e introducirte en el agua tibia,
dejarte ir, no pensar mas.
Y cuando te estés secando, recordaras a la vieja y a la joven que te sonrieron,
abrazadas, antes de salir juntas, abrazadas: te repites que siempre, cuando están
juntas, hacen exactamente lo mismo: se abrazan, sonríen, comen, hablan, entran,
salen, al mismo tiempo, como si una imitara a la otra, como si de la voluntad de
una dependiese la existencia de la otra. Te cortas ligeramente la mejilla,
pensando estas cosas mientras te afeitas; haces un esfuerzo para dominarte.
Terminas tu aseo contando los objetos del botiquín, los frascos y tubos que trajo
de la casa de huéspedes el criado al que nunca has visto: murmuras los nombres
de esos objetos, los tocas, lees las indicaciones de uso y contenido, pronuncias la
marca de fabrica, prendido a esos objetos para olvidar lo otro, lo otro sin nombre,
sin marca, sin consistencia racional. ¿Qué espera de ti Aura? acabas por
preguntarte, cerrando de un golpe el botiquín. ¿Qué quiere?
Te contesta el ritmo sordo de esa campana que se pasea a lo largo del corredor,
advirtiéndote que el desayuno esta listo. Caminas, con el pecho desnudo, a la
puerta: al abrirla, encuentras a Aura: será Aura, porque viste la tafeta verde de
siempre, aunque un velo verdoso oculte sus facciones. Tomas con la mano la
muñeca de la mujer, esa muñeca delgada, que tiembla...


Tema: Inquietud de Montero ante las sospechas que despiertan en él Aura y Consuelo.
Apartados: